¿Qué es la regulación emocional y por qué mi hijo/a tiene dificultad con las emociones?
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Si alguna vez has visto a tu hijo/a derrumbarse por algo que parecía insignificante, como tener un vaso del color equivocado, que un amigo se sentara en otro sitio durante el almuerzo o una tarea imposible, entonces has presenciado de cerca la desregulación emocional. Puede ser confuso, agotador y, sinceramente, un poco alarmante. Te preguntas: ¿Le pasa algo a mi hijo/a? ¿Es esto normal? ¿Por qué no se calma? La respuesta corta es esta: probablemente no se calma porque nadie le ha enseñado cómo. Algunos niños no tienen muchos problemas para regular sus emociones, pero otros sí. Es una habilidad que necesitan aprender y, como cualquier otra, se puede enseñar.

¿Qué es la regulación emocional?
La regulación emocional es la capacidad de reconocer lo que sientes, comprender por qué y elegir cómo responder, en lugar de reaccionar impulsivamente ante lo que se presenta. No significa no sentir nunca tristeza, enojo o agobio, sino ser capaz de transitar por esas emociones sin sentirse completamente abrumado. Las emociones pueden compararse con las olas: no puedes evitar que lleguen, pero puedes aprender a surfearlas en lugar de dejarte arrastrar por ellas. La regulación emocional es la habilidad de mantener la calma y la serenidad.
La regulación emocional no es un rasgo de la personalidad. Es una habilidad que se aprende y, como cualquier habilidad, se desarrolla con instrucción, práctica y apoyo.
La parte del cerebro responsable de regular las emociones —la corteza prefrontal— no se desarrolla por completo hasta mediados de los veinte años. Esto significa que los niños, y especialmente los preadolescentes y adolescentes, tienen una predisposición biológica a tener reacciones intensas. Sus cerebros aún no cuentan con el desarrollo necesario para gestionar por sí solos las emociones intensas.
Cómo se manifiesta la desregulación emocional en los niños
La desregulación emocional no siempre se manifiesta como una crisis. En los niños, y particularmente en las niñas, puede presentarse de maneras más sutiles y menos evidentes:
• Llorar con frecuencia por cosas que parecen insignificantes
• Desconectarse o quedarse en silencio cuando se está molesto
• Reacciones explosivas que parecen desproporcionadas a la situación.
• Dificultad para recuperarse después de que algo sale mal
• Evitar situaciones que puedan provocar sentimientos difíciles.
• Dolores de estómago, dolores de cabeza u otras molestias físicas antes de eventos estresantes
• Decir "Estoy bien" cuando claramente algo anda mal.
Muchas de estas conductas se malinterpretan como mala actitud, manipulación o rebeldía, cuando en muchos casos no lo son. Se trata de un niño que hace lo mejor que puede con los recursos que tiene. A veces, expresarse en voz alta es la única manera que conocen.
Por qué es necesario enseñar la regulación emocional.
No esperamos que los niños aprendan a leer, escribir o hacer matemáticas por sí solos, y sin embargo, a menudo esperamos que gestionen experiencias emocionales complejas e intensas sin que se les enseñe explícitamente cómo. A la mayoría de nosotros tampoco nos enseñaron. Nos decían que nos calmáramos, que aguantáramos o que simplemente lo superáramos. Estas no son malas instrucciones, pero son incompletas. Le dicen al niño qué hacer sin darle las herramientas necesarias.
Las habilidades de regulación emocional se pueden enseñar. Las investigaciones en terapia cognitivo-conductual, mindfulness y desarrollo infantil demuestran consistentemente que los niños a quienes se les enseñan explícitamente habilidades emocionales demuestran:
• Menor ansiedad y menos problemas de comportamiento
• Mejor concentración y rendimiento académico
• Amistades más fuertes y resistentes
• Mayor autoestima y un sentido de identidad más estable.
• Mayor capacidad para pedir ayuda cuando la necesiten.
¿Por dónde empezar?
La habilidad emocional más fundamental es, sencillamente, esta: la capacidad de nombrar lo que uno siente.
Una investigación del neurocientífico Matthew Lieberman descubrió que el acto de etiquetar una emoción —ponerle nombre— reduce su intensidad. La respuesta de amenaza del cerebro se atenúa cuando pasamos de experimentar una emoción a nombrarla. Algo tan simple como decir "Me siento avergonzado" en lugar de simplemente sentir la intensa vergüenza cambia lo que sucede en el cerebro.
Por eso es tan importante ampliar el vocabulario emocional de un niño. Un niño que solo conoce las palabras "enojado", "triste" y "feliz" no puede distinguir entre sentirse molesto, decepcionado, humillado o agotado. Y sin esas distinciones, no puede responder a lo que realmente está experimentando.
"Me siento avergonzado/a" es una expresión más poderosa de lo que parece. Es el comienzo de la autoconciencia, y la autoconciencia es el comienzo de la autorregulación.
A partir de ahí, se desarrollan de forma natural otras habilidades: comprender qué desencadena ciertas emociones, observar dónde se localizan en el cuerpo, utilizar técnicas de respiración y conexión con el presente para ralentizar el sistema nervioso y aprender a examinar los pensamientos que subyacen a los sentimientos.
Una nota para padres de fe
Si estás criando a tu hijo en un hogar cristiano, quizás te preguntes cómo se relaciona la regulación emocional con la fe. Saber regular las emociones es una habilidad muy valiosa, sobre todo para mostrar compasión hacia los demás y fortalecer la propia fe.
Las Escrituras están llenas de un lenguaje emotivo. Los Salmos son, entre otras cosas, una lección magistral sobre cómo nombrar y expresar los sentimientos a Dios. David no reprimió su angustia, sino que la derramó. Jesús lloró ante la tumba de Lázaro. Expresó su ira en el templo. Clamó desde la cruz.
Las emociones no son un problema espiritual. Son parte de cómo Dios nos creó. Aprender a comprenderlas y gestionarlas no está separado de la fe; es un acto de fiel administración de los corazones que Él nos dio.
«No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias.» — Filipenses 4:6
Enseñar a nuestros hijos a compartir sus sentimientos con Dios es una de las cosas más importantes que podemos hacer por su formación espiritual. Y esto complementa, no sustituye, el aprendizaje de herramientas prácticas para la autorregulación.
Empiece a ayudar a su hijo/a hoy mismo.
La regulación emocional es una habilidad con la que muchos niños tienen dificultades. A menudo, nunca se les enseña a regular sus emociones, lo que provoca fuertes arrebatos de frustración. En lugar de pensar lo peor de su hijo, dedique tiempo a enseñarle a regular sus emociones, en vez de ser duro con él y esperar que se solucione solo. Florecer Family Counseling está a su disposición para ayudarle a comprender mejor cómo puede ayudar a su hijo. Programa una consulta para obtener más información sobre cómo podemos ayudarle.
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Preguntas frecuentes
1. "¿Qué es la regulación emocional y por qué la necesita mi hijo?" La regulación emocional es la capacidad de reconocer lo que uno siente y elegir cómo responder, en lugar de simplemente reaccionar. Es una habilidad que se aprende, no algo con lo que los niños nacen sabiendo.
2. "¿Cómo sé si mi hijo/a está teniendo dificultades para manejar sus emociones?" Las señales pueden ser evidentes, como rabietas intensas, pero también pueden ser sutiles: dolores de estómago antes de ir a la escuela, retraimiento o decir "Estoy bien" cuando claramente algo anda mal. Si a tu hijo/a le cuesta recuperarse después de momentos difíciles, es importante prestarle atención.
3. "¿Cómo empiezo a enseñarle a mi hijo a gestionar sus emociones?" Empiece por algo sencillo: ayúdele a ponerle nombre a lo que siente. Las investigaciones demuestran que con solo decir "Me siento avergonzado" o "Me siento decepcionado" se calma la mente y es más fácil sobrellevar la emoción.
